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ACTIVIDADES DE CARTELES

Un recorrido en la experiencia del cartel en la Escuela

Intentaré dar cuenta de mi experiencia de cartel a partir de la dialéctica que ésta ha tenido con mi experiencia de formación como analista, y más específicamente, en lo tocante a la relación al saber que convendría a la experiencia analítica propiamente tal. Con ello espero aportar algunos elementos para pensar la política en relación al cartel.

Partiré diciendo que el cartel es un lugar de encuentro de las personas que participan, integran y circunda la Escuela, sus amigos, asociados y miembros con el objetivo de producir un saber conforme a la experiencia analítica. No es tan evidente partir señalando este punto. En nuestra época existe un empuje a formas individualistas del Uno, que tocan también las formas de relación y producción del saber. Un ejemplo de esta situación es nuestra relación al saber proveniente de internet, donde cada uno puede descargar en su computador lo que desee, incluido los textos psicoanalíticos y “aprender”. A mi juicio esto no tiene nada que ver con el saber del psicoanálisis. No hay acceso al saber sin la presencia y el encuentro con el otro.
Este punto me parece hoy totalmente diáfano, pero poco aprehendido en lo tocante al cartel. Parece más evidente señalarlo para el análisis y el control : no hay autoanálisis, como tampoco autoscopía o auto-acomodación en la práctica, se requiere el soporte encarnado por otro que introduzca el margen necesario para la apertura de lo conocido hacia lo nuevo. Así, la experiencia de saber en el cartel sería homóloga a la experiencia de saber del análisis y del control.

En el cartel entonces nos encontramos con otros – con “semejantes” – para acceder a la experiencia del Otro, de lo inconsciente. El pasaje del otro con minúscula al Otro con mayúscula está íntimamente ligado al espíritu de la conformación de carteles, regulado por las reglas de combinación y permutación.
Quiero proponer entonces que la experiencia de cartel implica un movimiento acompañado de apertura y de confianza que, poniendo en cuestión lo conocido, nos permite alcanzar lo extraño o diferente. Esto lo pienso en dos sentidos: cómo se confía y se abre Uno, como futuro cartelizante, a la relación con los otros y la Otredad, y también, cómo desde una sede se abren espacios y se confía en sus futuros cartelizantes apostando por la producción del encuentro que permite el saber que conviene a nuestra experiencia. Recuerdo aquí a la Lacan de La dirección de la cura : “Con la oferta creo la demanda”.

Por cierto, el encuentro con el Otro necesario para la producción del saber psicoanalítico, no es simple y no se reduce al encuentro con el “semejante”. Como psicoanalistas sabemos que los caminos al saber son enredados y están llenos de impasses. En mi experiencia me he encontrado con los siguientes: la presencia del objeto del fantasma que aparece bajo la forma del empuje a hablar – sin permitirme la escucha de los otros – o también la participación silenciosa en el cartel, el silencio gozoso de la impotencia o de la indiferencia. Para que decir las rivalidades que en el cartel se instalan, propia al exceso de “semejanza” de sus participantes. También he visto como las tentativas de respuestas a un ideal, la definición rasgo “claro y distinto” desde el “primerísimo” minuto o el producto ideal “demando” a su término no alimentan más que la impotencia, tan propia a la experiencia neurótica del deseo. Como ven los caminos al saber psicoanalítico está plagado de piedras con las que tropezarse, ante esto, no hay ideal que nos ponga en resguardo.

Avanzaré entonces un paso más, salir del registro imaginario en dirección de lo simbólico. Dije que el encuentro con otros es necesario para pasar al encuentro con lo Otro. En ese pasaje ubicaría la condición de la transmisión de saber en psicoanálisis, sin la cual ningún dispositivo opera, en el sentido analítico del término. En el Acta de fundación de su Escuela Lacan llamó a esta condición como transferencia de trabajo.
En mi experiencia, la transferencia de trabajo podría resumirse en dos sentidos. Por una parte, la transferencia de trabajo sería transferencia del trabajo a otros. Entrar en un cartel es contagiarse del deseo de saber que anima al analista, pero implica también cierto rigor en su funcionamiento.

Me figuro este funcionamiento a partir del sofisma de los prisioneros (El tiempo lógico), donde cada uno avanza en soledad por intentar resolver el enigma del carcelero. Como sabemos ninguno puede encontrar la respuesta por si sólo, depende de los avances y tropiezos de los que tiene en frente. Si uno sigue la pista en la lectura de ese texto nos encontramos con que cada prisionero parte un poquito destemplado, a destiempo de los demás, pero a fuerza de insistir, se produce el “alineamiento” que permite a cada uno encontrar la respuesta al enigma, y que en el cartel no sería más que la respuesta del cartelizante. Por cierto, el “buen funcionamiento” del cartel no se cristaliza en la identificación imaginaria, sino que en dar lugar a la experiencia de alternancia simbólica : entre silencio e intervención, en el espacio de palabra de unos y otros, se teje el camino a la alteridad radical del inconsciente.

Por otra parte, la transferencia de trabajo nomina una forma particular de amor dirigido al saber. Este amor no consiste en la mantención inmaculada de un saber-objeto-idealizado, cuya modalidad encontramos en la sacralización de las posiciones doctrinales de la teoría y la clínica o también cuando queremos producir el saber para el Otro o queremos recibirlo del Otro.

Muy por el contrario, se trata de un amor por el saber advertido de su función en el discurso psicoanalítico, esto es, de un saber en posición de la verdad. Es ahí donde literalmente la transferencia trabaja y permite que pasemos de los oropeles del saber a la elucubración de saber. Interesarnos por las pequeñas ocurrencias, los malentendidos, dejarnos tocar por ellos es lo que a mi me ha permitido vislumbrar un más allá de la comodidad de lo conocido y, más particularmente, la apertura a lo no-sabido que me concierne. Trato de ubicar con esto mi experiencia de lo real en el cartel, la que ha movilizado el goce opaco que anima la investigación del analisante y practicante del psicoanálisis. Como ven se produce aquí una torsión que, partiendo del otro, vuelve hacia el sujeto y a la intimidad de su relación al goce.

Comentaré dos pequeñas escenas que viví en dos carteles con 10 años de diferencia. Llegado a Francia, me lancé a la experiencia de cartel… como si no fuera poco el habitar una lengua extranjera, me encontré en un sorteo con tres colegas decididos a estudiar el seminario Aún. Cada uno a su turno discutía sobre lo que iba aprehendiendo de la lectura del texto, el arte del más-Uno de ese cartel era justamente hacernos hablar a cada uno por turno… había poco espacio para el diálogo. Poco a poco me molestaba no sólo no poder hablar “tan libremente” como lo hacía en español, sino que me encontré escuchando y diciendo cosas que realmente no sabía… las conocía porque las había leído y estudiado, pero no las sabía. Fue en ese momento que decidí retomar mi análisis… se me hizo evidente que sin pasar por la experiencia no habría podido saber.

Diez años después, en la preparación para el congreso sobre lo insoportable de la infancia, congreso que lamentablemente no pudo realizarse debido a la pandemia, se conformó un cartel con colegas de Bolivia y Venezuela. La expresión “no pudo realizarse”, que emergió en la preparación de este texto, me permite puntuar lo que me pasó en ese cartel y su importancia para mi formación como analista. Comencé este cartel con el impedimento de viajar para ver a mi analista justo en un momento que considero crucial de mi formación, pero que me dejaba en un punto de que ella “no podía realizarse”. Indicaciones del más-Uno y de los cartelizantes me confrontaron poco a poco con la pregunta “¿has actuado conforme a tu deseo?”. Cuando me percaté de esto, rápidamente salí del goce de lo no realizado, y me dirigí a mi analista para trabajar la cuestión que yo mismo había detenido por la pandemia. En este cartel obtuve la respuesta que me faltaba para continuar mi experiencia analítica y, en consonancia con esto, sostener mi lugar de enunciación en la Escuela.

Acabo entonces de mostrarles un trayecto, no es el único. El camino de la formación del analista no es lineal, tiene vueltas y enredos, el análisis y el control también tienen su lugar e influencia en relación al cartel y la Escuela que espero podamos situar en la conversación.

Muchas gracias.

Pablo Reyes

NEL-Santiago