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RESONANCIAS

RESONANCIAS DEL PRIMER TESTIMONIO DE PAOLA CORNÚ

Lo que resuena Factor infantil

Paulina Salinas

La escucha analítica acompaña al niño que hay en cada ser hablante;
a veces transcurre con él, otras veces lo perturba o despierta de
la homeostasis de su vida cronológica, sin edad para ser niños.
Lo escuchamos todos los días en la clínica. La lógica de la
cura del infans no transcurre en la cronología del tiempo,
sino en la contingencia de ese encuentro.


Me serviré de mi rasgo puesto al trabajo en el cartel sobre “Testimonios de Pase” para captar lo que resuena desde ahí tras escuchar, leer y de-cantar el testimonio de Paola. Captar “índices del desembrollo” a lo largo del testimonio. Debo confesar que esos índices- en el caso de Pao– los fui captando previo en la vida de la sede, en su enunciación. Si bien hoy el trabajo es de resonancia del testimonio es importante señalar que es un testimonio de una colega con la cual compartimos en la sede, día a día, o zoom a zoom ahora, y que tiene un impacto para el diario vivir de las actividades. Su enunciación y lapsus en la sede, –hoy tras haberla escuchado– podría nombrarlo así: en la sede “sin insignias, con-otros, y a ritmo propio, sirviéndome de sus significantes para nombras esos índices..

Al comenzar la lectura del testimonio, Paola nos trae lo que lee, de lo que  escuchaba en su enunciación “..preservar y no traicionar los principios del pase, tomé nota – nos dice– en “traicionar”: y enfatiza ¡restos de infancia!

Un detalle del título, factor infantil es un término ocupado por Freud– y que casualmente leí hace unos días– en Tres ensayos, también es el nombre de una Lacaniana que salió en la época de las X Jornadas de la NEL. Es una función lógica, cito a Dévora Ravinovich, sobre algunas pistas a lo que alude el factor infantil “ aquello que perdura a lo largo de la vida nada menos que en el amor, la sexualidad y la angustia. Diría que es parte de la neurosis infantil, sin ser tal. Una imagen indeleble, una fijación libidinal, un núcleo traumático.”

Índices en el testimonio

Lapsus y tiempo

Lapsus inicial, al momento de comenzar a leer el testimonio Paola dice: “más tarde que nunca”, lo tomo así, era hora. Un lapsus señal frente a la relación con el tiempo, que Paola nos transmite en su testimonio, y los efectos a lo largo del re-corrido analítico. Por ejemplo:

-Primera sesión del segundo análisis, irrupción de un lapsus, de la ciudad al cuidad, el lapsus permite ubicar un S1, nos dice “comenzaba a confrontarme a otro decir”, un nuevo tiempo de enunciación, diría yo.

- “me era insoportable esperar más”, separación del primer matrimonio. 

-O también lo encuentro en uno de los sueños del final: “… del tiempo que ya la vengo escuchando, a usted no hay nada que la alivie… así que deje de venir a verme”, efecto inmediato de alivio, se acabó, separación del analista.

Control, sueños y lapsus operaban frente a lo que no se hablaba, a lo imposible de decir. Quizás por eso me gustó tanto el lapsus de apertura en este testimonio. Ya era hora!

Lalengue

Del déjala, suéltala, al (me deja) ir y venir, suelta.

Quiero tomar una breve cita de Clara Olguín acerca de lalangue, conferencia que dictó en medio de la pandemia, porque había una cosa que me hacía mucha pregunta y que gracias al testimonio de Paola creo poder ubicar, sobre cómo se insemina la voz en el cuerpo. “…Partiendo del término infans (sin voz), ubico con Lacan en la Conferencia en Ginebra sobre el síntoma ese momento precoz, donde se produce la inseminación de la voz[1] para señalar con ello, el traumatismo estructurante del parlêtre. Manera precoz[2] como la voz se incorpora, se insemina en el cuerpo”.


Retomo el testimonio: 

“Marca de goce singular de mi existencia”–nos dice Paola– ecos que repercuten en el cuerpo, ecos, como la voz del Otro, “déjala, suéltala”, y sus replicas. Ahogo frente a la presión, “mejor no querer saber ni decir nada de eso”, efecto inhibición frente al saber y síntomas corporales y escolares. Y en el reverso de ese efecto, los ecos irrumpían con “excesos de abuso en la exigencia por a hacer, sin límites, sin parar.  Por suerte la angustia…pero también la buena flecha, azar y contingencia – Eros– lo dice de manera hermosa “mi solución me deja ir y venir, suelta” 

El goce va tomando valor de goce Otro, consentir a ser tomada por un hombre, consentir a “quedar esperando”…

De ahogarse, callarse, soltarse, no-toda.

No sin un acto.

Paola nos cuenta de su re-corrido analítico, que hubo una vez en que, no hubo nominación, y que eso resonó, consintió e insistió. Así despega a París –tocada por una interpretación en un tiempo anterior, hecha de ¡carcajadas de risa! – a un “despegar que toca el lado de la vida”


Acontecimiento de cuerpo, factor infantil

Si me interesa el tema de la infancia, es justamente por lo que nos enseña, cada vez. El trabajo de Cartel –no sin el análisis– me ha permitido ir advirtiendo justamente del factor infantil en cada caso, y quizás lo que más resuena en mí,  es justamente el efecto de satisfacción de dicho acontecimiento de cuerpo. 

Sentía que flotaba en el agua, acontecimiento de cuerpo que surge al final  y al momento de la llamada del Mas Uno de la Comisión del pase A14-B14

Pasar del ahogo, a flotar, 22 años de análisis, pero también es la edad en que Paola vuelve a tomar contacto con su padre. Ahora en acto, no se trata del padre sino más bien de servirse de él, para ir más allá. Cómo? Leo el acontecimiendo del cuerpo como índice, ya no en la cara de ahogo del síntoma, en lo que ella ubica en la línea de aquello que afecta el cuerpo deteniéndose en no poder, o apresurándose en hacer, o hablar tragándose las palabras, o en sus pensamientos que repasaba una y otra vez para hacerlo bien. Ahora lo que surge, tras despegar a París, sirviéndose del rasgo paterno, para ahora sí ir más allá. Acontecimiento de satisfacción, flotar en el agua. 

Para poder flotar, hay que estar suelta en el agua, respirar y disfrutar.

Gracias Pao por tu transmisión.


Consentir e insistir:
Lo que me resuena de la enseñanza del primer testimonio de Paola Cornu así como lo escucho.

Alejandro Góngora


¿Que decimos cuando decimos resonancias?

Se me ocurren dos respuestas. Primero, que no decimos nada, repetimos una serie de fonemas articulados entre sí. 

Segunda respuesta. Resonancias, resuena, su erre vibra en mi boca. El cuerpo. No se que quiere decir resonancia, lo único que puedo decir es un: Resuena en mi cuerpo.

Se me ocurre una tercera vía, la de la locura de las palabras. Resonancia, el título de un poema. Ustedes pensarán, ahí va Alejandro otra vez con la misma vaina, otra vez. Lo lamento, sí, ahí estoy en mi análisis.

Entonces caigo en cuenta que no se trata de lo que se dice en ese testimonio, ni se trata de Paola. Se trata de lo que yo escucho ahí, con lo que escucho ahí. Se trata de las partes del cuerpo con las que escucho, porque no solo los oídos captan ondas sonoras, el cuerpo en su conjunto vibra con las perturbaciones de las frecuencias acústicas.

¿Y entonces, con que partes del cuerpo escuché el testimonio de Paola?

Cuando me invitan a escribir para esta actividad de resonancias trato de invocar mis recuerdos de lo que ahí escuche y sin embargo no recuerdo mucho. Recuerdo agua, recuerdo ahogada. ¿Por qué recordé eso?

Le escribo a Paola y le pido que si me puede compartir su testimonio. Gracias Paola por la soltura con que me dijiste que si. “Querido Ale, ninguna molestia. Con gusto lo envío”

Lo leo, quinto párrafo, el significante ahogarme. Es el olvido el que me da la orientación de lo que resonó en mi de ese testimonio. La piscina, el agua, el ahogo. Y vuelve a mi el recuerdo por el que he pasado tantas veces en análisis, la piscina, el agua turbia, mi ahogo.

¿Porque toco este punto? Porque es singular la manera en que se escucha un testimonio. No es la teoría, no es la formalización del síntoma y el fantasma, no es ni siquiera esa verdad mentirosa de la cual el AE testimonia. Es, por lo menos para mi, ese significante suelto que me toca en mi hystoria y que me hace pensar lo fijado que estoy a ese punto. 

Paola habla de soltar, desahogarse, el ultimo analista le dice ¡Usted despego! La sala queda en silencio, las palabras se recortan en el aire denso. En esa densidad solo escucho como si hablaran bajo el agua, agua, ahogo, pegado, ahogado, pegoteado. 

Quería hacer un lindo texto, recortando elegantemente los momentos del recorrido de Paola, leer su testimonio y casi hacer un comentario de este. Pero no, constato que escucho desde lo que el recorrido de mi análisis en estos momentos me permite. Desde mis fijaciones, desde mi pegoteo, desde el agua densa  y turbia. Pero el testimonio de Paola hace pasar otra cosa, otra cosa a pesar mío. Es ese arreglo singular con ese ahogo, que no es del orden del alivio, como lo dice Paola “Me despierto con alivio de que no hay alivio; me saqué el peso, cesando la búsqueda de un saber, de más sentido”.

¿Qué es lo que me enseña el testimonio de Paola? Que en la superficie de eso que me atormenta, esta el arreglo con ese goce opaco, con mi agua turbia. Paola insistió, lo dice al inicio de su testimonio, consentir e insistir. Eso enseña, eso me enseña.

Gracias.

 


Resonancias del primer testimonio de Pola Cornú en la sede.


María Olga Herreros


“En la clase del 8 de febrero de 1977 del seminario 24 señala Lacan: “Debido a la operación la intervención del significante del nombre del padre que ha creado la represión originaria que ha hecho desaparecer el S2 colocando el objeto a en su lugar, debido a la operación de ese significante del Nombre del Padre el sujeto accede a otro punto de vista en el que no hace la equivalencia entre el saber del Otro y la clave que le falta”.

“Esto introduce la dimensión del hecho de que el Otro mismo ha perdido esa misma clave que él bien sabe de que falta se trata y la esperanza se abre entonces, es que, presentificada la ausencia de esa cosa perdida, lo ininscribible, y la esperanza es precisamente que lo ininscribible pueda dejar de no escribirse.”p113

Parto con esta bella cita de Lacan para enmarcar este comentario sobre las resonancias del primer testimonio de pase de mi querida Paola. No es fácil transmitir el recorrido en un escrito, el tuyo Paola, que, en parte, sin saberlo, ya se escribía durante dos años trabajando directamente contigo en la secretaria de carteles. Pero aquí voy.

 Tampoco fue fácil para Paola seguir adelante con su responsabilidad, corresponsabilidad la nombra ella, con su función de AE. En el marco pandémico, y por zoom, Paola nos entrega un texto precioso en su rigurosidad. Un texto que como nos dice Lacan en este seminario refiere a Otra escritura que ya estaba allí en forma de marcas y huellas, sobre lo traumático y los arreglos con los que Paola arribó, con la esperanza de que algo de lo que no cesaba de no escribirse, lo haga, al mismo tiempo que produzca una escritura transmisible a la Escuela pueda dejar de no escribirse. 

Paola tu texto da cuenta de un recorrido extenso muchos años con el deseo puesto en la causa de la Escuela. Y a la vez ,un recorrido no sin consecuencias en la vida personal, donde también nos vas dando pistas, pero que no acentuaré hoy demasiado.

En el recorrido por el texto que escribes ,vas dando cuenta de las definiciones de lo que nombras con una precisión fantástica: un primer momento, cuando señala su consentimiento a la posibilidad de testimoniar en la pandemia nos señalas: “consentir a una perdida para no perdernos”. Perder todo lo emocionante de las citas con el pase, los cuerpos, las risas ,las resonancias en los que te escuchan, todo eso está perdido. Pero no el eco de tu decir, ahora puestas en estas páginas que nos compartiste para poder realizar este trabajo.

Un segundo momento de tu texto es cuando das la precisión de los efectos de lo traumático en el cuerpo a propósito de los significantes que la marcaron: déjala, suelta. Y cómo la gramática de esta enunciación se transforma a lo largo de tu camino conforme recorres la lógica de tu pasar algo a la escuela. 

En lo que escribes del primer encuentro con el Otro social en el colegio,  donde relatas muy bien la posición de la que emerges de la infancia y la novela: “En blanco, ahogada frente a la presión, lo que me paralizó y me dejó sin palabras; no pude hacer, ni responder, ni decir. Mejor no querer saber ni decir nada de eso”. Dando una definición de lo que nombras en el primer tiempo como inhibición.

Cuando escuché el testimonio aquel día, salta en mi la sorpresa y me duele en el cuerpo la valentía de nombrar el maltrato y la vulneración de aquel periodo. Valentía por nombrar lo que no se dice, porque generalmente hablamos de la violencia en pobreza y deprivación, pero el maltrato cotidiano de las familias que no funcionan, en otros sectores de la sociedad, no se dice. 

Aunque inicialmente el arreglo para salir y dejar atrás fue ese: “no saber y no decir nada”, se suelta ya en la Escuela (ahora la de Lacan) y ya con el análisis en el cuerpo se nombra una inhibición fuerte, pero se opera para salir de ahí: con respecto al primer tramo análisis te escuchamos un nuevo significante novedoso, alivio. Esto lo sabemos epistémicamente, y cada uno en su propio análisis, pero pienso en la fuerza de ver tu movimiento para soltarse de ahí, escrito y testimoniado adquiere otra fuerza, otra consistencia lógica.

En el segundo tramo un significante que viene a contrariar los significantes anudados al goce traumático inscrito: “tomate”, tómate del psicoanálisis, te tomaste de un salvavidas, enunciación compartida por muchos de los que ese día te acompañaron a la distancia y que escuchan hoy estas resonancias. 

Ese mismo tómate , que al final ya en el recorrido por el dispositivo del pase mismo , fue nombrado por la pasadora como “tomárselas”, con la vida con el psicoanálisis de un modo, suelto, ya no toda ya no sin el empuje angustiante como motor de vida, sino con la pausa y el entusiasmo que en tu vida habilitó una posición femenina ya no estragada sino dulce y parlanchina, donde se desborda tu deseo de transmitirnos algo a la escuela, para conmover otros goces, tocar otros cuerpos de modo resonante, para que esta investigación sobre que es un analista, siga su curso renovado y entusiasmado.

También nos permites compartir los movimientos en tu análisis: segundo tramo horror a decir en análisis, aparición de sueños que como un by pass en el camino, que te permite sortear ese no decir por la vía regia los sueños, que localizan algo de la angustia que comienza a tomar la escena, ya no la inhibida, sino que la que cuando dice y avanza se angustia. 

Cuando localiza el axioma del fantasma: “el Otro no me quiere”, enunciación estructural con las que se debaten muchos, pero lo vuelves a precisar singularmente: Del ahogo de síntoma, al sanandi-salvandi-, fundamento neurótico de esta analista. Pero aun con restos: al curandi del deseo del analista, para ir más allá para servirse de esto. Servirse de las tres versiones de padre, que permitieron al elegir, e ir más allá de él.

Un tercer movimiento en el análisis: lo que agujerea y permite las desidentificaciones que operaste: del toda, al no toda. Que habilitó el consentimiento a la femenino en un no -toda, mujer; no -toda madre no -toda analista, en pausa, no toda asfixiada por el esfuerzo.

Sé que esto da paso para muchos hilos preciosos, pero me detengo para agradecer tu coraje sin interrupciones en un trayecto que te tomó la mitad de tu vida y que hoy rinde frutos en estas resonancias. Para seguir esperanzados, en medio de tanto caos, por la vigencia y transformación del psicoanálisis de orientación Lacaniana y el trabajo en las escuelas, en cada rincón, en cada oído que consienta a dejarse tocar por el dispositivo del pase.


NEL-Santiago